Stone_buddha_by_bkapke

El sentido de la vista es una de las capacidades más importantes que el ser humano —y muchos animales— poseen.  Es a través de los ojos, que se pueden apreciar los diferentes matices y formas que integran nuestro entorno, y literalmente, ver la vida.
En el mundo ‘real’, el hombre cuenta únicamente con dos órganos oculares que conforman la visión; pero en el universo esotérico, existe un tercer ojo que es capaz de percibir todo lo que ‘normalmente’, no  se puede distinguir.
También conocido como ‘ojo interno’, se cree que este concepto es una puerta para llegar a un estado de conciencia superior en el que se pueden desarrollar habilidades extrasensoriales, como la clarividencia.
Sin embargo, dichas características podrían estar ligadas a una explicación más lógica. El tercer ojo de la tradición hindú y budista —fuente de los poderes ocultos— probablemente está relacionado con la glándula pineal, que en algunos reptiles es un ojo con lente y retina, cubierto por una capa de piel o escamas. En otros animales es una glándula sensible a la luz, bajo una delgada cubierta de hueso. En los humanos esta pequeña glándula está en el centro del cerebro, y su función ha sido difícil de determinar.
En el siglo II d.C., el médico Galeano suponía que regulaba el flujo del pensamiento, mientras que el filósofo René Descartés la llamaba el ‘asiento del alma’. En 1958, Aaron Lerner, de la Universidad de Yale, descubrió que produce melatonina, hormona que actúa como sedante, y por ello controla el ciclo del sueño. Actualmente, las escuelas de ocultismo ligan esta glándula con el sexto chakra, Agñá, vórtice por el que penetran las energías físicas y espirituales del universo.
Hoy se sabe que en los animales la glándula pineal es sensible a la luz y mide el ángulo del Sol o la intensidad de la luz natural, para que los ritmos internos del cuerpo se sincronicen con los cambios del día en todo el año. Esto es esencial para muchas especies no sólo para efectos de desplazamiento, sino para regular los ciclos reproductores o para igualar el color de la piel con el entorno.
Si se llegara a comprobar una similitud entre animales y humanos, esta glándula podría explicar por qué la luz del Sol afecta al espíritu y por qué el inicio de la primavera induce a pensar en apareamiento. En pocas palabras, serviría al cuerpo para conocer información del medio ambiente.
Por otro lado, la glándula también se ha ligado con la ‘iluminación’. Buda obtuvo su sabiduría al sentarse bajo un árbol de bo, cuyos frutos son supuestamente ricos en serotonina, un compuesto requerido por la pineal para fabricar melatonina. Diversos estudios demuestran que esta sustancia —tomada oralmente,— produce un estado de bienestar o exaltación.
Fuente: Rumbo a lo desconocido, Wikipedia 

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